JAVIER BUZÓN
PINTAR LA PINTURA «Souvenirs»
La función primordial de la memoria consiste en la fijación de los recuerdos —experiencias, imágenes, lugares, emociones—, pero la conservación y la formalización de esos recuerdos también le conciernen. La memoria no es una facultad pasiva: con una lógica que es difícil determinar y prever, actúa seleccionando, a veces debilitando, a veces deformando o incluso desmoronando ese tesoro de vivencias acumuladas que constituyen los recuerdos. Un tesoro que nos conforma y nos orienta para transitar entre sentimientos, sensaciones, impulsos, identidades, reconocimientos, evocaciones… del que nos nutrimos y del que nos valemos para construir nuestro camino sobre un suelo que, casi siempre, tiene más de ensoñación que de solidez.
Por eso, desde casi el principio de nuestra historia nos hemos dotado de mecanismos para hacer que la memoria sea más fiel y duradera; para dejar constancia de lo que fue. Uno de esos instrumentos ayuda especialmente a fijar, mantener y reforzar momentos de esa memoria —aunque, en ocasiones, también nos defiende de ella—, permitiendo la evocación, más que de las situaciones, del sentimiento, de la impresión y las sensaciones que una primera contemplación o vivencia nos deparó. Me refiero al souvenir, ese elemento que actúa como humilde recordatorio de un lugar, de un encuentro, de un descubrimiento y de las emociones que provocó.
Una mirada, unos reflejos, una luz, el brillo de unos cuerpos en el agua, la epifanía que dejó entrever cierta obra de arte, el rincón de un museo o una arquitectura, resultan fijados y vuelven a ejercer la fascinación del encuentro original gracias a una instantánea, a un apunte, a una reproducción (tal vez, una postal) o a un folleto, instrumentos ocasionales de y para esa evocación: souvenirs, en fin.
La evocación y el recuerdo son el asunto principal y el motivo germinal de las obras que componen esta muestra. De ahí la denominación elegida: “Serie souvenirs”. La rememoración y la reconstrucción son, por lo demás, el ámbito, el territorio que les corresponde. En su sentido más epidérmico o superficial, pero también en otro más profundo. Rememoración y reconstrucción de paisajes, encuentros y escenas vividas, pero también de obras y autores cuya naturaleza, sentido y valor trato de desentrañar mediante una suerte de apropiación que implica también mímesis e identificación y, en el caso de autores y obras referidas, un proceso de inmersión en las respectivas “maneras de hacer”, en un empeño por “pintar la pintura”, como ejercicio indagatorio, pero también como práctica gozosa, de la que deriva la personal satisfacción que trato de testimoniar y transmitir.
Javier Buzón. Abril, 2024